Por Clàudia Puig – Responsable de la Revista de la Construcción.
La inmediatez se ha convertido, en muchos casos, en un factor que juega en contra de la calidad en las reformas. La presión por finalizar los trabajos en el menor tiempo posible suele impedir el respeto adecuado de los tiempos de secado de los materiales, un aspecto fundamental para garantizar un resultado duradero. Esto provoca que no se preste la delicadeza necesaria a cada rincón de la reforma, descuidando uno de los aspectos más importantes en una ducha: la prevención de humedades y filtraciones, que suelen aparecer cuando el trabajo no se realiza de forma plenamente profesional.
Además, esta urgencia favorece la realización de trabajos apresurados, a menudo sin contar con profesionales suficientemente cualificados ni con las herramientas adecuadas, como sistemas de aspiración de polvo. Esto repercute directamente en la calidad del acabado final, especialmente en la limpieza, y genera en los clientes dudas razonables sobre si realizar una reforma tradicional con obras o decantarse por soluciones rápidas sin ellas.
Asimismo, la inmediatez y la falta de mano de obra especializada en los distintos oficios hacen que muchos clientes opten por reformas rápidas y, si es posible, sin obras. Un ejemplo claro es la instalación de placas decorativas de gran formato con acabado imitación mármol, que se colocan directamente con silicona. Este tipo de soluciones suele dejar de lado un paso muy importante en cualquier reforma: la sustitución de las tuberías de agua y del cableado eléctrico. Una vez instaladas las placas, cualquier fuga posterior puede suponer un problema grave tras haber reformado el baño.
Por todo ello, resulta fundamental contar desde el inicio con profesionales que asesoren de forma adecuada, planifiquen cada fase del proceso y garanticen el cumplimiento de los estándares técnicos necesarios. Solo así es posible asegurar la calidad de los trabajos realizados y su durabilidad a lo largo del tiempo.
